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El camino hacia el vehículo autónomo

Hablamos de la automatización como de un ‘evento’ que está llegando e impregnando poco a poco a todos los aspectos de nuestra vida y que generará cambios relevantes en el perfil de los profesionales, en nuestras casas, en la educación, o en la medicina. Y, por supuesto, en nuestra forma de transportarnos. Y es que el coche autónomo está comenzando a ser una realidad, aunque irá pasando por estadios y etapas antes de llegar a ser tan autónomo como ahora visualizamos el concepto. La Sociedad de Ingenieros de la Automoción, encargada de regular y estandarizar la movilidad en ingeniería aeroespacial y automoción, estableció en el estándar SAE J3016 cinco niveles de automatización en la conducción de vehículos a motor.

 

Podrían ser considerados como ‘los pasos al coche autónomo’, que describo a continuación:

Asistencia al conductor

El vehículo ya cuenta con algún sistema de automatización de la conducción, -como la alerta de cambio involuntario de carril o el control de velocidad de crucero-, pero el conductor es quien acaba tomando la decisión final al volante, por lo que tiene que estar cien por cien atento a lo que ocurre en la carretera.

La automatización parcial de la conducción

Aquí el conductor debe seguir muy atento al volante, pero el vehículo ya es capaz de actuar de forma independiente en determinadas situaciones: puede montar tecnologías de aparcamiento pilotado o un asistente de conducción en atascos, mantenerse por sí solo en el carril a una velocidad constante o seguir al coche delantero durante determinados periodos de tiempo.

La automatización condicionada

En este tercer nivel ya se llega a un punto en el que entra en juego la monitorización del entorno (360º), para que el vehículo sepa cómo responder ante imprevistos. Lo que se asemeja a que el ‘coche es capaz de pensar para tomar la decisión más adaptada en cada momento’: incluso cambiar de carril o frenar para evitar una colisión. En esta etapa el conductor aún no puede bajar la guardia, ya que debe reaccionar con rapidez si el coche no es capaz de actuar.

Una alta automatización

Ya en esta fase el conductor comienza a ser prescindible, ya que el vehículo toma decisiones de conducción cada vez más complejas. Avances que van muy de la mano de la tecnología y equipamiento del vehículo, compuesto por sofisticados sensores, detectores, radares y GPS, que le permitirá estudiar el entorno en el que circula para tomar las mejores decisiones en función de cada situación. Aún puede aparecer alguna situación en la que el sistema no pueda mantener el control absoluto.

Llegada del vehículo autónomo

Esta ya es la última fase, el máximo nivel de automatización del vehículo, ya que éste ya cuenta con el control total de la conducción. Hablaríamos de un vehículo en el que el diseño del habitáculo pueda carecer de volante, palanca de cambio de marchas o pedales; por lo que los ocupantes serán transportados sin intervenir en las labores de  conducción.

 

Estamos en la ruta, para lograr una mayor independencia de los coches. Sin embargo, esto trae consigo una reformulación del papel de las personas que, una vez más, se enfrentan al reto de encontrar su sitio en un mundo que va siendo sustituido por máquinas.