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El miedo: el peor enemigo de la innovación

El miedo es una conducta adaptativa que nos ayuda a identificar las amenazas. En definitiva, es una habilidad que nos ha permitido sobrevivir a los depredadores y desastres naturales.

Nacemos solo con dos miedos innatos: el miedo a caernos y el miedo a los sonidos fuertes. Aunque el miedo por sí mismo es aprendido, los seres humanos parecen estar predispuestos a temer ciertas cosas como las arañas y serpientes debido a la evolución. Conforme nos hacemos mayores, los temores se desarrollan por asociación, según muchos estudios.

Existe cierta evidencia que sugiere que la búsqueda de emociones es, como cualquier cosa, placentera —juegos de azar, comer— y libera dopamina. La dopamina es un neurotransmisor que ayuda a controlar los centros de recompensa y placer de nuestro cerebro: cuanto más recompensas algo, más tiendes a hacerlo. Es decir, cuanto más buscan se busca ‘comportamientos peligrosos’, más se logra involucrar la respuesta cognitiva cortical y proporcionar el contexto racional de que la conducta que busca emociones no es peligrosa. Los atletas de deportes extremos son un gran ejemplo de esto: ellos continúan con su conducta peligrosa, porque cada vez que lo hacen, sobreviven.

En el mundo del negocio, ocurre lo mismo. El éxito, el reconocimiento o la recompensa son motores de crecimiento, innovación y cambio. En cambio, el miedo al fracaso, a la pérdida de poder o al de la propia imagen dentro de un grupo son causantes de todo lo contrario.

La cultura empresarial y el miedo

Por eso es tan importante la cultura de una empresa y el perfil de sus empleados. La transparencia, la honestidad y la voluntad de ayudar a los demás, -por encima de los intereses personales-, son pilares fundamentales de una organización que quiera prosperar.

Uno de los principales motores de una empresa es la innovación y las personas que lo promueven las que la hacen más o menos exitosa. Por eso, es importante eliminar o aislar a las personas ‘tóxicas’ que trasladan anticultura o conviven con la cultura del miedo, así como utilizar mecanismos de trasparencia y medición de perfil y el funcionamiento de las mismas.

Si tienes dudas, si tu compañía está preocupada por las personas y la innovación, solo hay que analizar el perfil del director de Recursos Humanos, analizando el tiempo que utiliza el equipo directivo a las personas y viendo si utiliza herramientas como “Great place to work” o blogs para transparentar el modelo de trabajo y colaboración interno, como por ejemplo, el “Rework” Google.

Es cierto que, en general, una sola persona ‘tóxica’ puede matar la innovación en una empresa, ya que el poder del miedo lo bloquea todo. Pero también es cierto que la mayoría de las personas detesta ese tipo de situaciones y su naturaleza es evitarlo.

La mayoría de nuestros miedos nunca existieron

Estadísticamente el 80% de nuestros miedos, especialmente en la vida laboral, nunca llegan a ocurrir. Vivimos en un estado constante de alerta sobre cosas que jamás ocurrirán, entonces, ¿para qué preocuparnos?

Los grandes innovadores de la historia nunca temían al fracaso o a esas personas ‘tóxicas’ que pretendieran frenarles o eliminarles. Y es que, si lo peor que te puede pasar es morir, y después de la muerte hay vida, para que tener miedo nada: ¡innovemos!

Sin embargo, recuerda, que tener miedo no siempre es algo malo. De hecho, ha sido un mecanismo de supervivencia para los humanos durante millones de años.