La empresa familiar y su importancia en la sociedad

La semana pasada participé en el XIX Congreso de Empresa Familiar que reunió a algunas de las familias empresarias más relevantes del país. La temática era Creciendo con raíces, lo que dio pie a debates de gran relevancia de empresarios como Jean-Charles Décaux, Mauricio González-Gordon, Pablo Isla, Ignacio Osborne, Emilio Pérez Nieto, Ignacio Rivera, Jorge Sendagorta o Joaquín Uriach.

La empresa familiar se consolida año tras año como un activo de gran importancia para la economía española. Se estima que 1,1 millones de empresas son familiares en España, el 89% del tejido empresarial.

Sus características arraigadas en la visión compartida por una familia empresaria convierten a este tipo de compañías en el mayor generador de empleo en España. Actualmente, crean el 67% del empleo privado, con un total de más de 6,58 millones de puestos de trabajo y son responsables del 57,1 del PIB del sector privado.

Su relevancia traspasa fronteras siendo las empresas familiares las organizaciones con más volumen de facturación y creación de empleo a nivel global. Se estima que en la Unión Europea, hay 17 millones de empresas que son familiares y que generan 100 millones de empleos. En otro mercado referente como Estados Unidos, este tipo de compañías ocupan el 80% del entramado empresarial y generan el 50% del empleo privado.

La urgente transformación que necesita la empresa familiar

Sin duda este colectivo tiene una relevancia impresionante en la economía mundial y española, además de en la sociedad por sus valores y tradición. Pero, ¡está en peligro!

La transformación tecnológica y los nuevos competidores disruptivos, liderados por los grandes fondos de inversión, están irrumpiendo en todos los sectores de la economía con mucha virulencia. Esto tambalea el liderazgo y la estabilidad de muchas de estas empresas familiares.

Además, se pone en peligro el modelo económico y de estabilidad social de España, ya que la mayoría de estos competidores vienen de fuera de nuestras fronteras. La única defensa posible es adaptar las empresas familiares al nuevo entorno tecnológico y digital. Así podrán competir en igualdad de condiciones de eficiencia y de oferta de valor al consumidor.

Pero el gran problema es el cambio generacional. El 45,7% están en pleno traspaso de la primera a la segunda generación. Suelen ser empresarios hechos a sí mismos que han vivido en un mundo analógico, con lo que ni entienden la revolución tecnológica que estamos viviendo ni tienen sentido de urgencia. No intuyen el gran riesgo al que se está exponiendo su organización.

El cambio generacional como parte de la solución

La única solución posible es acelerar el traspaso generacional, para que las nuevas generaciones nativas digitales tomen las riendas. O por lo menos, dotarles de más poder ejecutivo para que impregnen de esta cultura a la compañía.

Es imperativo que la empresa familiar, tradicional, con alta aversión al riesgo y analógica, adquiera tamaño en un mundo global, a través de las nuevas tecnologías. De no ser así, la guerra de mercado será terrible y desigual. Los nuevos competidores están consiguiendo valoraciones por encima de los 1.000 millones de euros en tan solo dos años. Si tenemos en cuenta que España es un país de pymes, nos pone en clara desventaja.

En conclusión, necesitamos tecnificar, digitalizar y hacer mucho más grandes a nuestras empresas familiares. Con todo ello, podrán hacer frente en este mundo global a los nuevos competidores disruptivos. No sólo eso, preservarán los valores sociales y medioambientales que la mayoría de ellas protege y defiende por tradición.

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