La verdad de los líderes

Hay dos tipos de líderes en el mundo, simplificando mucho. Los de verdad y los de mentira. Los de mentira son la gran mayoría. Los que viven bajo unos estereotipos, unos estándares, unas modas, los que siempre intentan quedar bien, sin profundizar en los temas o en las cuestiones relevantes y fluyen por la vida, confiando en que sus amistades o influencias les respalden, sin aportar nada. Progresan en base a amiguismos y su vida se basa en una farsa patológica. Al puro estilo “Los favoritos de Midas”, basado en el mito del rey Midas, aquel que convertía en oro todo lo que tocaba y acabó muriendo de hambre, dado que no podía comerse el alimento convertido en oro…

“Hay dos tipos de líderes en el mundo: los de verdad y los de mentira, que son la mayoría”

Por otro lado, tenemos las personas de verdad, las que basan sus vidas en valores y principios, las que no se doblegan por el “establishment”. Somos pocos, pero no por ello dejamos de creer en un mundo mejor, más justo, ecuánime y equilibrado. Creemos en el progreso del hombre en conexión con su prójimo y el medioambiente y basado en el talento, no la meritocracia. Sé que no estamos de moda, más aún, somos una antimoda, pero el tiempo nos dará la razón, al igual que se la dieron a los mártires. La palabra ‘mártir’, que proviene del koiné ?????? (mär-tüs), mártys, que significa ‘testigo’ o ‘testimonio’, se utilizaba principalmente, en griego no bíblico, en un contexto legal. Era usada por una persona que testifica de un hecho del que tiene conocimiento basado en su observación personal. Cuando se utilizaba en un contexto no legal también puede significar una proclamación de que el orador piensa que está en lo cierto. Aristóteles utilizaba el término para observaciones, pero también para juicios éticos y expresiones de convicción moral que no se pueden observar empíricamente.

«Me encantaría vivir en una sociedad que premie más el talento y la brillantez que la meritocracia y las influencias»

A mí me gusta clasificar como genios a aquellas personas que persiguen la verdad, aun estando remando a contracorriente de la sociedad y las modas. Las suelen caracterizar las siguientes condiciones:

  1. Son curiosos e impulsivos

Para elaborar su libro Creatividad (Paidós, 2008), el profesor Mihaly Csikszentmihalyi entrevistó a 91 genios, de todas las disciplinas, incluyendo a 14 premios Nobel. Una de sus principales conclusiones es que las personas con mentes privilegiadas, que logran creaciones excepcionales, tienen dos cosas en abundancia: curiosidad y determinación.

  1. Lo importante no es la educación, son las horas que dedican a su especialidad

Solemos asociar el expediente académico con la excelencia, pero son cosas que no siempre están relacionadas. El profesor de la Universidad de California en Davis, Dean Keith Simonton, realizó un estudio en que analizó los expedientes académicos de más de 300 genios nacidos entre 1450 y 1850, entre ellos gente como Leonardo da Vinci, Galileo, Beethoven o Rembrandt. Determinó cuánta educación formal había recibido cada uno y midió sus niveles de eminencia a través de sus obras de referencia. Sus resultados fueron sorprendentes. La relación entre educación y excelencia, al trasladarse a un gráfico tenía forma de campana: los creadores más destacados eran aquellos que había recibido una educación media, algo así como una diplomatura. Los que habían recibido una mayor y una menor educación eran menos creativos.

No cabe duda de que los genios más destacados seguían estudiando, pero eran autodidactas y, sobre todo, unos adictos al trabajo. Los creadores más destacados son, siempre, aquellos que más han trabajado en su especialidad, han dedicado su vida a ella, han aprendido todo lo que se podía aprender y han llevado su pasión al límite.

“Los verdaderos genios se desviven por su trabajo se entregan a él por vocación y pasión, nunca por dinero”

  1. Son muy críticos con su trabajo

Según el psicólogo Howard Gardner, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2011, los grandes genios como Picasso, Freud o Stravinsky tenían un patrón similar de trabajo, que se basaba en el ensayo y error: analizaban un problema, creaban una solución, la probaban y generaban una retroalimentación constante. Las mentes creativas son también las más metódicas.

  1. Son sacrificados, solitarios y, en ocasiones, neuróticos

Los genios están todo el rato pensando en su obra y esto tiene múltiples desventajas. Dedicar todo tu tiempo al trabajo implica un sacrificio inmenso y una merma en las relaciones sociales. En ocasiones, el sacrificio necesario para ser un genio puede rozar lo patológico. La entrega puede tornarse en obsesión: las personas excelentes no son necesariamente felices. Basta ver el ascetismo que alcanzaron Freud, T. S.Eliot o Gandhi, o la soledad autoimpuesta que desarrolló Einstein. Muchos genios desarrollan, además, una personalidad neurótica: su trabajo les volvió maniáticos y egoístas.

  1. Trabajan siempre por pasión, nunca por dinero

Los verdaderos genios se desviven por su trabajo y, en ningún caso, se entregan a este por dinero, sino por pasión y vocación. Los artistas que han desarrollado su pintura y escultura por el placer de la actividad en sí más que por las recompensas extrínsecas, han producido un arte que ha sido reconocido socialmente como superior, asegura el pensador y escritor Dan Pink en su libro La sorprendente verdad sobre qué nos motiva (Gestión 2000). Además, son aquellos a los que motivaba menos las recompensas extrínsecas los que, finalmente, las recibían.

Ojalá vivamos en una sociedad que premie más el talento y la brillantez a la meritocracia y las influencias, mejor nos iría. ¡Que tomen nota nuestros políticos y grandes ejecutivos!

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