Los fondos europeos de rescate: ¿oportunidad o riesgo?

La UE aprobó un paquete de ayudas histórico pro COVID19 de 750.000 millones de euros, la mitad en créditos y la mitad en ayudas contantes y sonantes para los países más afectados. A España llegarán algo más de 140.000 millones en seis años: la mitad en transferencias directas que no hay que devolver. El Tribunal de Cuentas europeo evaluó el pasado septiembre la capacidad demostrada por los distintos Estados miembros de la Unión a la hora de gestionar los fondos comunitarios a los que tienen derecho. Según dicho estudio, España gasta apenas el 39% de las ayudas a las que tiene derecho, históricamente.

No cabe duda que estamos frente a un reto enorme. Gestionar fondos sin mucha experiencia y éxito y salvar la economía tan maltrecha por la pandemia. Pero 140.000 millones de euros es además una oportunidad histórica para transformar nuestra economía y sentar las bases de nuestro futuro, que nos puede permitir no solo curar las heridas de esta pesadilla, sino crear riqueza estructural para las próximas décadas. Para ello, es imprescindible tener una hoja de ruta clara, de cómo queremos que sea nuestra sociedad en los próximos 30 años y a qué retos nos enfrentamos.

Estaremos todo de acuerdo que hay dos retos a los cuales hemos de dar respuesta de manera inmediata: el social y el medioambiental. Es urgente crear una sociedad más justa y equitativa para todos, dando las mismas oportunidades, dando acceso a una salud y una educación de calidad y, por otro lado, hemos de poner freno a la destrucción medioambiental del planeta. Todo ello a la vez que vivimos una transformación digital y tecnológica que nos obliga a cambiar nuestras empresas para ser competitivas en un mundo global y digital. Es decir, la cuadratura del círculo.

Sin duda, las empresas de nuestro país son el motor que ha de generar ese cambio. Pero para ello han de cambiar de manera estructural la mayoría de ellas. Primero, dando un giro a su modelo de medir el éxito, poniendo al ciudadano y el planeta en el centro, antes que los propios beneficios. No quiero decir con ello que no hayan de tener beneficios; todo lo contrario, necesitamos empresas mucho más grandes e internacionalizadas, pero mucho más sociales y contribuyendo a no empeorar el medioambiente y, si es posible, mejorándolo. Y en segundo lugar, transformando sus negocios en un modelo basado en la digitalización y las nuevas tecnologías para poder hacer frente a los grandes retos competitivos de las próximas décadas. Es decir, solo con compañías de impacto social digitales podremos garantizarnos una economía competitiva y robusta a nivel internacional y así garantizar el empleo y la calidad de vida que disfrutamos en nuestro país, sin seguir endeudándonos y perdiendo competitividad en el mundo.

Por eso, estos fondos europeos son una gran oportunidad de transformación de nuestra economía y nuestras empresas hacia este objetivo. Pero corremos un gran peligro: gastarnos todo este dinero en ayudar a empresas que no tienen futuro, que no son capaces de transformarse en esa nueva economía y, lo que es peor, “dopar” el sistema, perjudicando a aquellas empresas que ya lo estaban haciendo bien, y que, en consecuencia, están sorteando bien esta grave crisis. No quiero decir con ello que no ayudemos a sectores claramente afectados como el turismo, la restauración o el ocio. Lo que quiero decir es que, ya que vamos a ayudar a tantas empresas, que además estas se comprometan a adaptarse a la nueva economía social y digital.

Aprovechemos esta locura para crear nuestro nuevo futuro, no lo malgastemos, para volver a la casilla de salida. No volvamos a la nueva normalidad: construyamos nuestro nuevo futuro.

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