Radiografía de la generación Ni-Ni: 750,000 jóvenes ni estudian ni trabajan

Tras haber asistido al evento de THINK GOOGLE 2001, el pasado 10 de Noviembre en Madrid, me quedé muy impactado por la “brillante” ponencia de Luis Garicano, Profesor de economía y estrategia en la London School of Economics, donde hizo una brillante exposición sobre la situación actual y futura de la crisis en España. De los muchos datos preocupantes (tasa de paro, elevado precio de la vivienda, caida del PIB, endeudamiento, bajo rátio de productividad, clase política inoperante….), quizás la que más me alarmó fue la pérdida de una generación de jóvenes sin ganas de estudiar ni trabajar, es decir improductivos para hoy y para mañana!. Paso a resumir el artículo de Luis Caricano, sobre este segmento de población.

En un mundo dominado por las tecnologías de la información y en el que muchos procesos productivos  menos avanzados se deslocalizarán hacia países en desarrollo, la formación adquiere cada día más importancia. Pues bien, de acuerdo con datos recientes de Eurostat, uno de cada tres jóvenes españoles de 18 a 24 años abandona el sistema educativo sin conseguir un título de enseñanza secundaria post-obligatoria, es decir, 1 millón de jóvenes. De los 33 países de EU y candidatos, sólo Turquía y Malta tenían una mayor proporción de jóvenes sin estudios secundarios y fuera del sistema educativo.

1. La evolución de estos datos no ha sufrido ningún avance hasta 2009

Los datos no han mejorado en 15 años: ya a mediados de los 90, una tercera parte de los jóvenes españoles abandonaba sus estudios. Desde entonces, ninguna mejora. Los demás países europeos han avanzado, y cómo. Las últimas estadísticas, las correspondientes al 2009, muestran que Turquía ha reducido su diferencial con España a la mitad en los últimos 10 años, con lo que si no hacemos algo al respecto en breve habrá convergido y seremos definitivamente los últimos de la clase. Portugal ya nos ha alcanzado cuando al inicio de esta década le sacábamos quince puntos. Más, ya casi doblamos a quienes tenemos por delante y entre los más avanzados, están países como Croacia, Polonia, Eslovaquia,  la República Checa.

2. Los malos resultados no se deben al número de emigrantes.

Algunas explicaciones se han apoyado en el efecto de la inmigración, con la llegada de una población extranjera menos formada y con una mayor tasa de abandono. Pero esta no parece ser razón suficiente. Todo lo contrario, es precisamente en este colectivo en el que si se ha observado una reducción mayor del abandono. Aunque este cambio bien pudiera ser debido simplemente al frenazo en la llegada de inmigrantes o que el retorno se haya concentrado en personas con mayor propensión al abandono o menor nivel educativo.

3. Ni siquiera la crisis, y la falta de perspectivas de los jóvenes, han empujado a los jóvenes a las aulas

Durante la fase expansiva, se le pudo achacar la culpa del abandono escolar al tirón de sectores que tales como la construcción pudieron absorber con salarios atractivos y trabajo a destajo a jóvenes, sin necesidad de iniciación profesional previa. Pero ya han pasado tres años de crisis, y sí, habrá aumentado el número de matriculados, pero no lo suficiente para concluir que, gracias a ésta, se está produciendo un cambio notable de tendencia. Seguimos prácticamente en las mismas.

Hay lugar para cierto optimismo en los datos que ha publicado recientemente el Ministerio de Educación en el avance de los datos del curso escolar. Según estos datos la proporción de estudiantes en Bachillerato ha aumentado en un 1.4% en FP de grado medio en un 6.4%. Este aumento parece claramente relacionarse con la crisis, pero no es, del orden de magnitud necesario para solucionar el problema.

4. Ni-Ni: 750,000 jóvenes ni estudian ni trabajan

Y no es porque los jóvenes estén trabajando. No. De los 3,5 millones (3.493.992) de jóvenes entre 18 y 24, 750,000 ni estudian ni trabajan, frente a 500,000 en el 2005. La pirámide demográfica invertida que tenemos actualmente (más viejos que jóvenes), muestra sus preocupantes efectos, al pasar los jóvenes de 3,9 millones a 3,5 millones. Juntando los dos efectos, la caída de la participación y la caída demográfica, los jóvenes que estudian o trabajan han caído en 636000 en 5 años.

5.  La ESO no es suficiente

Y si, las tasas de matriculación han aumentado, en especial entre los 16-17 años; pero la tasa de abandono entre los 18 y los 24 parece mantenerse prácticamente insensible, sugiriendo que estos estudiantes no vuelven a la escuela. Así, la crisis multiplica el tamaño del grupo de jóvenes sin estudios secundarios post-obligatorios que NI estudian NI trabajan. Esta proporción ya alcanza el 30% entre los jóvenes de 18 a 20 años y el 40% entre los de 21-24 años con este nivel de estudios. Quizás sea uno de los indicadores más alarmantes de esta crisis, señal de que poquito están cambiando las cosas, de que el “cambio de modelo productivo” va para largo.

La población 18 a 24 años que no han conseguido o no ha ido más allá del título de Enseñanza Secundaria Obligatoria va a encontrar difícil adaptarse a la economía del conocimiento. Este grupo se compone de 1,6m de personas, de los cuales 1 m no está estudiando, y de estos 540,000 ni estudian ni trabajan. Del millón que no estudian sólo el 52% tiene el título de ESO y sólo un 1.7% ha recibido una iniciación de formación para una profesión (ya sea vía Garantía social, Programas de iniciación profesional u otros programas de inserción profesional no reglada). Los datos también ponen en evidencia lo exigua que es la formación no reglada, principalmente la formación ocupacional: sólo asisten a la misma el 10% de este colectivo.

6. Conclusión: La FP, el reto eterno del nuevo modelo económico.

En definitiva, los datos asustan, por su magnitud, y sobre todo por sus implicaciones para la economía española.Con el sistema educativo actual, la mayor parte de los “drop-out”, no han recibido educación reglada para ejercer una profesión. Muchos, un 85.2%, tienen una experiencia laboral, probablemente recibida en sectores, como la construcción, que no requieren de preparación inicial, al poder adquirirse con la práctica en el puesto de trabajo. Esta formación no será suficiente para que se puedan mover laboralmente pasado este período de crisis. Podrán tener capital humano específico de sectores o empresas ya caducos, pero no es suficiente, y, difícilmente podrán adaptarse a unas nuevas tecnologías que no dejan de ser  complementarias de la educación.

Menos aún llegarán a técnicos y profesionales y podrán ayudar a cubrir nuestro déficit de en estas ocupaciones en comparación con la mayoría de los países europeos, déficit que se puede cifrar entre unos 3 y 5 millones si nos comparamos con Francia para arriba.

Aun así, una de las principales razones para el abandono, incluso en estos momentos de crisis, muy probablemente no sea la búsqueda de empleo. Según la Encuesta de transición educativo formativa e inserción laboral , realizada para el período 2001-2005, en época de bonanza, sólo un 8% de los abandonos se debía al hecho de haber encontrado trabajo y un 21% por preferir buscar trabajo en lugar de seguir estudiando. Bastante menos que la suma de otros motivos relacionados con la falta de motivación o la obtención de malos resultados escolares.

La mayoría de los drop-outs no tienen una mínima formación profesional porque el actual sistema lo ha dejado para los estudios intermedios o superiores. Pero además, a pesar de la mayor demanda registrada en los últimos años, le dedicamos aún escasos recursos. En el Education at the Glance de la OCDE del año 2008, quedó claro que la proporción de alumnos de FP en los niveles intermedios, aunque haya aumentado en la última década, sigue siendo sensiblemente inferior a la mayoría de los países de la OCDE, más aún si la ponderamos por la tasa de abandono. No puede ser sólo un problema de demanda cuando, en este mismo curso, 40.000 alumnos pueden quedarse sin realizar estudios de FP por escasez de oferta.  Por otra parte, este mismo estudio de la OCDE también nos dejaba en muy mal lugar en  relación con la implantación de la formación dual, indicador de las implicación de las empresas en el sistema de formación profesional

En definitiva. Lo más grave de esta situación es el estancamiento. Es difícil entender cómo la Reforma Educativa, en particular, la de la FP, cuyo primer objetivo debería ser centrar los esfuerzos en reducir el abandono escolar, se puede quedar empantanada, y, alargarse tan eternamente.

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