Factucornio

Seguro que os estaréis pensando qué significa este palabro, pues lo cierto es que no existe, pero me la dijo el otro día un buen amigo y gran empresario gallego…. y me encantó. 

Porque tras tanto tiempo hablando de los unicornios, que como todos sabréis son compañías con un valor teórico de más de mil millones, siempre me ha sorprendido la admiración que generaban este tipo de compañías, especialmente por parte de los inversores, pero lo cierto es que siempre me ha causado bastante indiferencia. En primer lugar, porque el verdadero valor de una compañía no es su valor teórico financiero, sino lo que realmente genera como motor económico, es decir lo que es capaz de generar de ingresos, y como me decía orgulloso mi amigo gallego, “yo prefiero la empresa que factura más de mil millones que la que “teóricamente” lo vale”, de ahí que me quedo mejor con el concepto factucornio, que el de unicornio. Y además, habitualmente los unicornios, son máquinas especulativas, que van pasando de mano en mano (inversores) y que van inflando su valoración, algunas veces bajo criterios más que cuestionables, como número de seguidores, suscriptores, equity de marca…o millones de cuestiones muy intangibles, que siempre me generan, como mínimo ciertas dudas de su valor real. 

Pero lo que de verdad me provoca rechazo, es que ese valor unicornio, no contempla para nada lo que es realmente importante de una empresa, su impacto social y medioambiental. No digamos del modelo propio de muchos fondos sin propósito, que simplemente se dedican a mover capitales y empresas de un sitio a otro, sin propósito ni valor para la economía real, más allá del propio enriquecimiento de sus participadas, socios y asociados. En cambio, muchas de los factucornios, en especial, que no todas, las familiares, viven en la economía real, con un propósito social, lo que yo llamo empresa con mayúsculas, que huyen de las valoraciones de los analistas, y que su foco es preservar la empresa para las siguientes generaciones. 

Evidentemente estoy simplificando mucho y generalizando en exceso, y que hay de todo en todos lados, pero la moraleja del factucornio vs el unicornio, es que no podemos vivir en una sociedad donde el motor del progreso este en valoraciones futuras de compañías, sino en una economía real y consciente, que sea un verdadero motor de progreso y se preocupe de además de generar los mayores rendimientos posibles del capital, un bien social y un mínimo impacto medioambiental e incluso, regenerarlo.

Empecemos a hablar más de factucornios y de regeneración, y menos de unicornios y sostenibilidad. Con la especulación y sostener lo que ya hacemos mal, no seremos capaces de solucionar los grandes retos de la humanidad, y nos veremos abocados a un grave problema social y medioambiental, que condenará a las generaciones futuras y nos empobrecerá a todos.

Para acabar, un llamamiento a toda esta “moda” de la inversión de impacto, que parece que está enloqueciendo a todos los inversores, no servirá de nada si siguen buscando unicornios, como la antigua economía, la clave es centrarse en redefinir el modelo de éxito empresarial y en consecuencia éxito inversor, y ya os adelanto que no tiene nada que ver con las antiguas fórmulas, es imprescindible poner el foco en la información no financiera, es decir su impacto social, para ver qué rendimiento puede tener como consecuencia de ese impacto, justo al revés. 

Mucho trabajo por hacer, por suerte ya empieza a destacar una nueva raza de empresarios que sueñan con hacer sus empresas factucornios, y están centradas en un propósito real y auténtico.

 

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