Gestionar por propósito no por cuentas de resultado

Gestionar una organización mediante la cuenta de resultados y el control del presupuesto tiene infinidad de ventajas que todos hemos estudiado en los libros de economía, pero tiene un defecto muy destacable. En situaciones de mercado como la que estamos viviendo ahora mismo, de revolución tecnológica y social, puede llegar a frenar el crecimiento y la innovación.

Cuando uno se enfoca en gestionar una organización con el único propósito de cumplir con el presupuesto, automáticamente el foco se centra en cumplir ese presupuesto mensual, trimestral y anualmente, independientemente de la evolución del mercado o la competencia.

A mí personalmente siempre me ha sorprendido como una organización es capaz de ser tan precisa en cumplir dicho presupuesto y no sobrepasarlo de manera amplia. Especialmente en situaciones de mercado donde se está produciendo una transformación radical de los modelos de negocio y el del terreno de juego. ¿Será que solo trabajamos para la cuenta de resultados o es que nos condenamos a cumplirlo?

Rara vez vivimos situaciones como “no me he gastado el presupuesto de gasto, porque no era necesario” o “hemos crecido un 230%, hemos visto una oportunidad de mercado y hemos aprovechado” o “hemos invertido un 50% más en I+D para tomar posiciones de liderazgo el próximo año”. Seguramente estas actuaciones serían severamente cuestionadas, por no haber cumplido el presupuesto.

Otra cuestión importante es cuánta gente empleamos, y cuántas horas dedicamos a controlar, medir y seguir el presupuesto. Si midiéramos su coste real, probablemente nos escandalizaríamos.

Una de las claves para tener éxito en la actual situación de mercado, donde estamos viviendo la mayor y más rápida revolución tecnológica de la historia, que, está provocando una transformación constante del negocio y los hábitos de consumo, a la par que comienza una nueva revolución social, centrada en la conservación de los ecosistemas y el ser humano, es casi imposible prever qué pasará en los próximos 3 años, y casi me atrevería a decir en los próximos 3 meses (Acordémonos del tsunami Covid19 del año pasado).

Por ese motivo, encorsetar a las organizaciones con planes estratégicos detallados y controles férreos del presupuesto, lo único que va a causar (además de cumplirlo) es una pérdida tremenda de oportunidad, flexibilidad, rapidez, y, sobre todo, un desgaste del equipo directivo tremendo. Vamos a convertir a la organización en expertos en gastar todo el presupuesto y en “asegurarlas” en no crecer más de lo prometido.

Yo abogo por compañías que dejen de gestionar por P&L y se centren en gestionar por propósito. Cuando una empresa tiene claro su propósito, y orienta a todo el mundo el alcanzarlo lo antes posible, todo adquiere una velocidad y frescura impresionante. Es cierto que no todo vale, pero estas son las claves para poder hacer ese “switch” tan necesario hoy en día.

  1. El equipo directivo ha de tener perfil “empresario” no de solo “gestor”, para gestionar como si fuera su empresa, no su departamento.
  2. Hay que gestionar por proyectos transversales no por departamentos.
  3. Hay que tener un reporting financiero diario a toda la organización, para asegurarnos que los proyectos son rentables o cumplen nuestras expectativas. El departamento financiero toma más relevancia que nunca, al tener que garantizar los recursos y la caja para los proyectos.
  4. Si es bueno para el cliente y el mercado, es bueno para la compañía. El custumer & Market focus es vital.
  5. Medimos el éxito en años, no en meses.
  6. El I+D y el Marketing (especialmente la investigación de mercados), son vitales.
  7. Hay que involucrar al consejo y los accionistas en el propósito del negocio
  8. El primer ejecutivo ha de ser un dinamizador y orquestador del propósito, poniendo todo el foco en las personas.

No he conocido ninguna star-up de éxito que gestione como las grandes compañías tradicionales, y si conozco grandes compañías que se están adaptando a las exigencias de velocidad y transformación que exigen las nuevas reglas del mercado. Aprendamos a desaprender de las viejas fórmulas de gestión y pongamos foco a transformar nuestras organizaciones a las nuevas exigencias tecnológicas, sociales y medioambientales.

Más mentalidad empresarial y valentía y menos tiempo analizando el pasado.

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